sábado, 2 de octubre de 2010

Espíritu de Error – Parte #3



Espíritu de Error (Espíritu de Engaño) III
Falsos Profetas y Doctrinas de Error – Parte 3
© 2010 Pastor Marcos A. Colón Octaviani
Casa de Restauración 'El Habrit'
San Germán, Puerto Rico
http://www.elhabrit.com




Introducción


 
    En la primera y segunda parte de este estudio se expuso la definición y formas de operar del espíritu de error (anticristo) dentro de la vida de la iglesia. En esta parte se expone la anatomía de los falsos profetas bajo la influencia del espíritu de error.

Anatomía

    El espíritu de error opera a través de falsos ministros que se infiltran y militan dentro de la iglesia. Este no debe ser sorpresa porque las Escrituras registran la existencia de falsos ministros (Mateo 24:5; Apocalipsis 2:2) y que el mismo Satanás se viste de ángel de luz (2 Corintios 11:13-14). Jesús refirió una parábola que ilustra que el trigo y la cizaña crecen juntos (Mateo 13:24-30). La cizaña es una planta que crece junto al trigo y es tan parecida al trigo que es conocida en algunos lugares como "falso trigo". De modo que la cizaña no es el adivino, el narcotraficante, el ateo o el brujo. Esos se detectan con suma facilidad. La cizaña crece dentro del pueblo de Dios con características similares pero no es producida por la misma semilla que reproduce a verdaderos hijos de Dios. Como ya se ha expuesto en partes anteriores de este estudio, la operación del espíritu de error es sutil ya que busca pasar desapercibido. No obstante la verdad de la Palabra de Dios y el discernimiento de Espíritu son los medios necesarios para detectar la operación de este espíritu. Este nivel viene cuando el pueblo madura en el carácter de Cristo y opera en la dimensión de la revelación (Efesios 1:16-18).





Las Escrituras ofrecen un marco de referencia y claras indicaciones del comportamiento y características que se presentan en falsos profetas que operan bajo este espíritu. Un ejemplo de lo anterior se encuentra en la primera epístola de Pablo a los Tesalonicenses:



1 Tesalonicenses2:3 Nuestra predicación no se origina en el error ni en malas intenciones, ni procura engañar a nadie. 4 Al contrario, hablamos como hombres a quienes Dios aprobó y les confió el evangelio: no tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón. 5 Como saben, nunca hemos recurrido a las adulaciones ni a las excusas para obtener dinero; Dios es testigo. 6 Tampoco hemos buscado honores de nadie; ni de ustedes ni de otros. 7 Aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido ser exigentes con ustedes, los tratamos con delicadeza.* Como una madre* que amamanta y cuida a sus hijos, 8 así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos! 9 Recordarán, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas para proclamarles el evangelio de Dios, y cómo trabajamos día y noche para no serles una carga. (NVI)

 
    En el texto anterior se observa claramente como el apóstol Pablo describe características de un falso ministro (profeta) por medio del contraste. Primeramente Pablo nos habla que su propio mensaje no se origina en el error. Pablo contrasta su ministerio con la operación del espíritu de error. La palabra error utilizada en el texto es la palabra griega 'pláne' la cual significa fraude, desviación de la verdad o engaño. El espíritu de error opera haciendo creer cosas que no son ciertas. Un falso profeta puede ser reconocido por el fraude y la mentira al grado de que el viejo pacto dictaba que si la palabra del profeta es engañosa, desviada o no se cumplía el profeta debía morir (Deuteronomio 13:5; 18:20-22). Bajo la ley los falsos profetas debían morir literalmente, esa era la forma que eran castigados y silenciados. Bajo la gracia la iglesia tiene que matar el mensaje de los falsos profetas una vez discernidos e identificados. La madurez del Cuerpo de Cristo es el mejor antídoto en contra del espíritu de error (Mateo 13:30).





    La predicación de Pablo tampoco provenía de "malas intenciones", (según traducido en la Nueva Versión Internacional). No obstante la palabra en griego correspondiente es "akatharsia" que es mejor traducida como impureza. Jesús utilizó esta palabra para referirse a los fariseos cuando los comparó con sepulcros blanqueados (Mateo 23:27-28). Los sepulcros blanqueados por fuera lucen bien pero por dentro están llenos de huesos de cadáver y "akatharsia" (inmundicia, impureza). Está palabra en la Biblia es lo opuesto a la santidad.





1 Tesalonicenses 4:7 Dios no nos llamó a la impureza sino a la santidad;




La palabra santidad viene del griego "haigasmos" que significa literalmente purificación. De manera que se entiende que el mensaje de un falso profeta viene acompañado con deficiencias de carácter y falta de santidad. En otras palabras una vida que no produce el fruto del espíritu sino las obras de la carne. El mensaje de un profeta bajo el espíritu de error proviene de sus emociones, su mente carnal y no del Espíritu.



Pablo apunta que su predica no viene por engaño que en griego es la palabra 'dolos' que significa, trampa, carnada ó decepción. Cuando se utiliza una trampa es con el propósito de atrapar e inmovilizar a la victima para obtener algo de la misma. Este tipo de dinámica la podemos ver cotidianamente cuando los vendedores sagaces convencen a sus clientes de que necesitan algo que realmente no necesitan para vendérselo y poder cobrar su comisión. Todas sus palabras son astutamente dirigidas a reducir el pensamiento del cliente (victima) a lo maravilloso del producto y a hacer una decisión de compra inmediata. Si no se le compra en el momento pierde su efectividad porque le da tiempo al cliente (victima) a pensar y reflexionar la decisión. No son pocas las personas que han sido envueltos en el poder de convencimiento de un vendedor sagaz, solo para percatarse poco tiempo después de que hicieron una mala decisión. Una decisión que les perjudica a ellos y beneficia al vendedor. En otras palabras una trampa que los atrapó e inmovilizó para beneficio de a otro. Los falsos profetas trabajan similar al vendedor sagaz utilizando técnicas de manipulación disimulada y buscando su propio beneficio a costa del cliente. El verdadero profeta de Dios ofrece un mensaje con el único fin de beneficiar a los recipientes del mensaje. En cambio los falsos profetas operan engañando para obtener beneficio propio.



Por último Pablo menciona tres aspectos que tienen que ver con la aceptación y motivaciones del mensaje de la Palabra:

  • El mensaje es para agradar a Dios y no a los hombres – En la iglesia se ha caído en el error de dejarse llevar por popularidad y manipulación de emociones. Existen predicadores y profetas que para llamar la atención utilizan el carisma y la simpatía en vez de la revelación pura de la Palabra de Dios. En ocasiones el mensaje está prefabricado para que suene bonito y a la gente le guste de modo que el predicador se asegura de mantener su popularidad. Operar de esa forma es operar bajo el espíritu de error. No es malo que un siervo o sierva del Señor tenga carisma, talentos y poder de convencimiento. Lo peligroso de esto es cuando la motivación detrás de todo ese montaje no es la de edificar con Palabra sino la de mantener una posición privilegiada. Un verdadero ministro no teme decir cosas que incomodan o sacuden el pensamiento de quienes le escuchan, sin importar las consecuencias.



  • No es un mensaje adulador con el fin de conseguir dinero – El mensaje del Evangelio no se vende. Ciertamente el obrero es digno de su salario, pero los que operan bajo el espíritu de error son mercaderes del evangelio. No hay nada malo que a un ministro se le ofrezca justa compensación económica por ejercer su ministerio, no obstante la iglesia se tiene que cuidar de los oportunistas que no pierden oportunidad para despojar económicamente a las congregaciones. Este tipo de "ministros" dependen de cuanto se benefician para decidir si van o no a un lugar a llevar una Palabra. Para ellos su sustento es lo que le dan y no el mismo Dios que los llamó. El egoísmo y búsqueda del beneficio propio por encima del compromiso ministerial de edificar al Cuerpo de Cristo lo que trae es tropiezo al propósito de Dios y por ende muerte espiritual. Las Escrituras advierten claramente sobre este tipo de falsos profetas que hacen mercadería y explotarían económicamente a la iglesia (2 Pedro 2:2; Filipenses 3:19).



  • No es en búsqueda de honra y reconocimiento de hombres – El ministro verdadero debe distinguirse por su carácter no por sus títulos o fama. Es como el tempano de hielo (iceberg) que por fuera se ve sólo una decima parte y todo lo demás está debajo del agua. Así mismo un ministro no debe depender de lo que se ve a simple vista (maestrías, doctorados, títulos ministeriales, credenciales, posiciones, organizaciones, etc.), sino más bien de que carga el carácter y la revelación de Cristo. Existen quienes tratan de impresionar por su mucha fama y títulos pero su realidad no es esa y están tratando de compensar su falta de carácter con reconocimiento de hombres. El anterior comentario no debe ser tomado como una crítica a los estudios teológicos y/o credenciales ministeriales. Lo que se pretende ilustrar es que el verdadero ministro se define por su carácter y no por los diplomas o credenciales que tenga. Que sus credenciales humanas sean tan solo "la punta del tempano de hielo (iceberg)". Es bueno estudiar y procurar formación, lo importante es no equiparar eso a unción y revelación. El Apóstol Pablo era un erudito pero su ministerio trascendió su erudición por su carácter y entrega. Cuando un ministro tiene como una de sus principales motivaciones ser alabado y admirado por los hombres está siendo seducido por el espíritu de error para pervertir el verdadero propósito del llamado ministerial. Ese tipo de ministros son candidatos a ser confrontados de parte del Señor con: "Nunca los conocí… apartaos de mi."(Mateo 7:23)


  • El verdadero ministro muestra compromiso y sacrificio como el de una madre – Las palabras de Pablo en ese sentido son muy memorables porque se compara en su ministerio con una madre que con cariño y ternura cuida y amamanta a sus hijos. Al punto que declaró estar dispuesto a compartir su vida. Una madre está dispuesta a todo por sus hijos. Las madres ofrecen a sus hijos cariño, alimentación, sustento, protección, atención especial, aliento, consejo, ayuda y muchas cosas más. Todo eso lo dan por naturaleza y no les es carga realizarlo. No hay lugar para el egoísmo en la relación de una buena madre con sus hijos. De la misma manera se debe comportar un verdadero ministro hacia quienes están bajo el manto de su servicio. No obstante el falso profeta no se responsabiliza, ni se compromete con lo que pueda resultar de una palabra que profieren en nombre de Dios. El espíritu de error produce mentalidad egocéntrica. Este espíritu produce inmadurez, irresponsabilidad, falta de compromiso y falta de propósito. Por la carencia de ese acercamiento maternal no se fomenta el sentido familiar entre hermanos en la fe. Se cambia la hermandad cristiana por una mera organización religiosa. Una madre siempre quiere lo mejor para sus hijos y procura su desarrollo. En cambio bajo el espíritu de error solo se ofrece lo mínimo necesario para mantener en pie un sistema del cual pueden beneficiarse algunos pocos. Dicho sistema promueve el conformismo intelectual y espiritual.

Conclusión


 
    A través de esta serie de 3 artículos se ha pretendido ofrecer una descripción general de la operación del espíritu de error (anticristo) en la iglesia. El propósito de este estudio no es ser exhaustivo ni detallado en cuanto a las múltiples manifestaciones del espíritu de error sino más bien motivar el desarrollo del discernimiento de espíritus en medio del Cuerpo de Cristo y el continuo estudio de la revelación de las Escrituras para llegar a nuevos niveles de entendimiento. No es tiempo de seguir trabajando en el nivel de lo obvio sino más bien de profundizar en la revelación de Cristo a través de las Escrituras. Un pueblo que sabe cual es su identidad y que cada vez es más entendido estará cada vez más cerca de manifestar el varón perfecto a la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13).

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